El apodo nació por culpa de una palabra “toda grande” que se le salió un día… y como en Medellín los apodos no se preguntan: se quedan.
Papú viene de una familia numerosa y berraca. Creció entre palos de naranja y un solar donde la vida enseñaba temprano que había que moverse para ayudar en casa. Cuando la situación apretaba, salía con el machete a desyerbar antejardines para “rebuscar” la platica. Ha trabajado toda la vida. De esos que no se rinden, aunque el cuerpo y los años digan lo contrario.
El día en que el trabajo faltó: a los 57 años llegó un golpe duro: quedarse sin empleo. Y apareció esa paradoja que duele: “muy joven” para pensionarse, “muy viejo” para que lo contraten.
Con la esposa y la hija preocupadas, y el corazón cargado, lo dice sin rodeos: perder el trabajo es un baldado de agua fría que despierta tristezas que estaban quietas. No es solo la plata. Es la incertidumbre, el silencio del día siguiente, la sensación de que el camino se achica.
Un apoyo que va más allá de lo económico: en ese momento, el Subsidio al desempleo fue más que un ingreso temporal. Fue un descanso emocional. Una carga menos encima.
Saber que durante un tiempo podía seguir cotizando a salud y pensión devolvió algo esencial: tranquilidad. Y los cursos, como Habilidades para el Éxito, abrieron otra puerta: herramientas para enfrentar el miedo, acompañamiento para no aislarse y una mirada distinta sobre lo que significa volver a empezar.
Porque a veces lo que más necesita una persona no es solo dinero, sino sentir que no está sola.
Lo que realmente se extraña: hoy Papú extraña trabajar. Pero, si es honesto, extraña más a los compañeros. Las risas. La camaradería. “Vivir sabroso” en medio del oficio.
Extraña los cacharros que solo pasan en el trabajo: el día que “se le perdió” la carne y terminó peleando con un compañero… hasta que descubrió que él mismo la había “conseguido”. O la guerra silenciosa de las cocas en la nevera.
Porque el trabajo no solo da ingresos. También da historias, parches y dignidad.
Cuando el empleo falta, lo que más se necesita es sentir respaldo. Saber que todavía hay caminos para volver a empezar.
La historia de Papú habla de esfuerzo, de familia y de segundas oportunidades. Pero también habla de algo más grande: de la importancia de contar con una red que acompañe en los momentos difíciles.