En estas montañas, cuando no existían carreteras y los caminos eran apenas huellas de herradura, todo se movía a fuerza de hombro. Ni mulas ni caballos podían subir hasta lo más alto. Así aparecieron las silletas: primero como medio de transporte, luego como símbolo y hoy como memoria viva de un territorio que aprendió a resistir cargando.
Por eso, cuando él dice “yo soy silletero”, habla desde el origen. Desde una familia silletera, desde una historia que viene de antes y que sigue caminando con él.
—Yo soy silletero desde que nací —dice con la certeza de quien no necesita explicarse.
Hace 14 años es silletero oficial desfilante de la ciudad de Medellín. Su relación con las silletas atraviesa todo el año. Diseña, crea y monta silletas comerciales con la misma disciplina y el mismo respeto con el que se hacía cuando eran transporte y no espectáculo.
Los resultados hablan solos: quintos, cuartos, terceros puestos; tres segundos lugares, dos primeros y finalmente, el premio mayor. Pero más allá de los números, hay algo que pesa más: la permanencia.
La silleta también lo llevó lejos. Hasta Milán, Italia. Allí, en el lanzamiento de la película Encanto de Disney, tuvo la oportunidad de decorar con sus silletas, de llevar flores, colores y tradición a un escenario internacional. Fue una experiencia íntima y poderosa: ver cómo una expresión nacida en la montaña podía dialogar con el mundo conservando su raíz.
Volver siempre ha sido igual de importante que salir.
Hoy, su taller es punto de encuentro. Jóvenes del territorio llegan a aprender, a trabajar, a quedarse. Para él, que los muchachos quieran estar ahí y se interesen por el oficio, es una forma de pago silenciosa.
—Eso es muy gratificante —dice— porque es la respuesta a lo que uno creyó en algún momento.
Desde Comfenalco Antioquia acompañamos y respaldamos historias como esta, donde los oficios sostienen la identidad, el trabajo construye arraigo y las tradiciones se transforman sin perder su origen.
Ser silletero es una forma de estar en el mundo. Es cargar historia para que otros la vean florecer.