Por eso contamos historias: porque estar cerca del corazón de la gente es la manera más honesta de decir quiénes somos.
Hay historias que comienzan en una oficina, en una cancha o en un cargo. Y hay otras que empiezan mucho antes, en la casa, en la familia, en las pruebas que cambian la forma de mirar el mundo.
Esta es una de esas.
Germán Darío Grisales Puerta lleva 10 años caminando junto a Comfenalco Antioquia como Coordinador de Deportes. Su trabajo ha estado ligado al movimiento, al juego, al bienestar y a la formación. Pero su historia no se reduce a un rol profesional. Se expande hacia lo esencial.
Es esposo de Mabel. Es padre de Salomé. Es un hombre que aprendió que la vida, como el deporte, también exige resistencia.
Cuando una enfermedad tocó la puerta de su hogar, todo se transformó. Las rutinas cambiaron, las prioridades se ajustaron y el significado de la palabra “equipo” adquirió otra dimensión. Ya no era solo el equipo en la cancha, sino el que se construye en la sala de la casa, en las conversaciones difíciles, en los silencios compartidos y en la fe que sostiene.
En medio de la incertidumbre, la familia se hizo más fuerte. La adversidad no los fragmentó; los unió. Les enseñó sobre el amor que acompaña, la esperanza que insiste y la resiliencia que no siempre hace ruido, pero permanece.
—Hay momentos que redefinen todo —comparte Germán—. Y es ahí donde uno entiende qué es realmente importante.
Su historia recuerda que detrás de cada colaborador hay una vida completa: con desafíos, sueños, pérdidas, aprendizajes y afectos que sostienen. Que cada proceso institucional está atravesado por personas reales que sienten, cuidan y resisten.
En Comfenalco Antioquia acompañamos esos caminos. Porque impactar vidas no ocurre solo hacia afuera, sino también hacia adentro. Porque esta organización está hecha, ante todo, de personas.
Esta es la prueba de que acompañar no es solo una palabra, sino una forma de estar. De que el trabajo construye propósito cuando se vive con sentido. Y de que, aun en los momentos más difíciles, siempre es posible florecer desde el amor y la esperanza.