Una conversación sobre la valentía de renunciar a la estabilidad, la resiliencia frente a la pandemia y la construcción de una nueva versión de familia y empresa.
Hay decisiones que marcan un antes y un después en la vida. Para Luis Hernando Úsuga, fundador de BioHa, ese momento llegó cuando decidió dejar atrás la comodidad de un empleo estable en una de las grandes firmas de consultoría del mundo.
Con apenas 28 años, eligió incomodarse, “tirarse al vacío” y emprender un camino incierto. “Yo sigo emprendiendo, pero seguí emprendiendo con la nevera vacía”, recuerda con la sinceridad de quien sabe que la vida no siempre ofrece garantías, pero sí oportunidades y, que en esa incomodidad se encuentran las nuevas historias, aquellas que se reconstruyen para encontrar un propósito.
Un origen que viene de la necesidad y el deporte
La historia de Luis no comienza en una oficina ni en una planta de producción, sino en el barrio Las Playas y luego en Belén Las Mercedes, cerca de la Universidad de Medellín. Allí creció en un entorno marcado por necesidades económicas y por la violencia que atravesaban en su momento los barrios populares de la ciudad, en los años noventa. Su madre, como secretaria, y su padre, como conductor, hicieron posible el sostenimiento de su hogar.
El deporte fue su refugio: “Yo practicaba fútbol todos los días, de lunes a domingo”, recuerda. La disciplina y la concentración que le exigía la Liga Antioqueña de Fútbol se convirtieron en un escudo contra las tentaciones de la calle y en una escuela temprana de liderazgo, con la que de alguna forma logró forjar su carácter.
Ese liderazgo se profundizó cuando, a los 14 años, sus padres se separaron. Como hijo mayor, asumió un rol que no le correspondía: mediar entre ellos y convertirse en figura paterna para sus hermanos. “Eso me ayudó a madurar muy jovencito”, confiesa. De esa experiencia nació su convicción de que la familia es “todo” y su anhelo de construir una versión distinta de hogar para su propia hija.
El vértigo de renunciar y el nacimiento de BioHa
Tras ocho años en el mundo corporativo, Luis decidió renunciar y crear su propia empresa de consultoría. Los primeros proyectos llegaron, pero también la dureza de tocar puertas y recibir negativas. “Cuando uno está emprendiendo, se cierran y se cierran las puertas, y cuando menos piensa se abre una, hay que tratar de aprovecharla”, reflexiona.
La vida le tenía preparada otra transformación: junto a Ana Lucía, colega que luego se convirtió en su esposa, fundó una segunda empresa de consultoría. Sin embargo, una oportunidad familiar los llevó a un terreno inesperado: la elaboración de bebidas no alcohólicas. En abril de 2019 nació BioHa, primero como maquila para otra compañía. Cuando esa alianza terminó, decidieron lanzar su propia marca en febrero de 2020.
Pandemia y resiliencia: el reto de sobrevivir
El debut de BioHa coincidió con la pandemia. Las calles vacías, las tiendas cerradas y las ventas mínimas pusieron a prueba la resistencia de su equipo de trabajo. “Los carros salían a vender y vendíamos tres millones de pesos en un día, y luego, pensar en cómo sostener un equipo de nueve personas”, relata.
La respuesta fue radical: cerrar la consultoría, desinvertir y apostar todo por BioHa. La estrategia fue sembrar confianza en los clientes, estar presentes, incluso en los momentos más difíciles y prepararse para la reapertura. Esa decisión permitió que la marca creciera hasta llegar a más de 1.600 tiendas en Antioquia.
Construir modelo: ser ejemplo y familia
Para Luis, emprender no es solo levantar una empresa, sino también construir un proyecto de vida. La experiencia de su niñez lo llevó a valorar la familia como el núcleo de todo. “Siempre mi anhelo ha sido tener una vejez con mi pareja”, afirma, decidido a que su hija no viva las ausencias que él sufrió.
BioHa es hoy testimonio de esa visión: una empresa que nació de la incomodidad, que sobrevivió a la pandemia y que se sostiene en la convicción de que la resiliencia, la confianza y el trabajo colectivo pueden transformar la adversidad en oportunidad.