A veces los sueños empiezan mucho antes de que sepamos cómo nombrarlos. El de Isabela Ortiz comenzó en Concordia, Antioquia, entre el afecto de su familia numerosa y el abrigo de un pueblo donde todos son amables, cercanos y se conocen entre sí. Pero a los 17 años tuvo que aprender que crecer también exige alejarse de lo que nos protege.
Con una beca bajo el brazo, empacó sus maletas rumbo a Medellín para estudiar Psicología, dejando atrás a su familia, su pueblo, sus raíces, para construir su propio destino.
El día que tuvo que irse de casa
Dejar su tierra no fue sencillo. Acostumbrada al calor del hogar, la llegada a una ciudad fría y acelerada la enfrentó de golpe a la soledad. Vivir sola en una habitación alquilada significaba regresar cada tarde sin un abrazo o unas palabras de aliento que la esperaran y que le hicieran sentir ese calor de hogar.
Las lágrimas se volvieron cotidianas y el dolor de la distancia se aliviaba solo con las llamadas de su mamá, quien al otro lado de la línea se convirtió en su refugio y su lugar seguro, mientras las dudas amenazaban con hacerla rendirse.
Aprender a quedarse
El momento decisivo llegó cuando el peso de la soledad y el temor de no avanzar tan rápido en la carrera la llevaron al límite. Fue entonces cuando su mamá le dio a elegir: regresar a la tranquilidad del pueblo o quedarse a luchar.
Con el corazón apretado, Isabela eligió la valentía. Decidió quedarse no porque el miedo hubiera desaparecido, sino porque entendió que era capaz de atravesarlo. Transformó la ausencia de su tío fallecido en su fuerza motora y convirtió cada noche de estudio en un escalón hacia su sueño.
Cuando progresar se convirtió en propósito
A veces el destino llega a través de coincidencias inesperadas. Sin haberlo planeado, un mensaje la condujo a una entrevista en la Fundación Progresar. Lo que comenzó como una práctica clínica y educativa con niños en condición de discapacidad, se transformó rápidamente en su lugar en el mundo.
El vínculo con los niños fue tan profundo que cuando terminó su periodo académico no quiso irse; de inmediato asumió el reto como psicóloga titular, liderando la atención individual y el grupo de apoyo familiar.