Hay vidas que se miden en kilómetros, en abrazos contenidos y en el aroma que se desprende de una cocina los domingos por la tarde. La vida de Nelson David Navarro Romero, un ingeniero civil venezolano de 45 años y actual Gerente del Parque de los Encuentros de Comfenalco Antioquia se define exactamente por eso: por la capacidad de transformar la distancia en alegría y el dolor en una nueva oportunidad.
“Vengo de una tierra de mucha alegría, de mucho color... y así es mi vida”, dice Nelson con una sonrisa que desarma cualquier asomo de nostalgia. Quienes lo conocen en el día a día laboral coinciden en una palabra para describirlo: alegre.
Sin embargo, detrás de esa energía vibrante que contagia a su equipo de trabajo, habita una historia profunda de reinvención.
Empezar de cero: el verdadero peso de migrar
"Migrar te cambia la vida. Migrar es empezar de cero. Migrar es tener que aprenderlo todo", reflexiona. Para Nelson, dejar su país no fue solo cruzar una frontera; fue desprenderse de sus raíces y, lo más difícil, de los brazos de su madre, a quien era profundamente apegado. Al partir, un temor silencioso lo acompañaba: que esa despedida fuera la última.
El destino, a veces implacable, transformó ese miedo en realidad. Su madre falleció tiempo después y Nelson no tuvo la oportunidad de volverla a abrazar en vida. En la distancia, con el recurso económico medido y la incertidumbre de no saber qué depara el futuro, el duelo se vive de otra manera. Es ahí donde la resiliencia deja de ser un concepto y se convierte en una estrategia de supervivencia.
El refugio de la memoria y el sabor de la casa
¿Cómo acortar una distancia de miles de kilómetros? Nelson encontró la respuesta en los fogones. Recuerda con especial cariño aquellas videollamadas de los domingos donde su mamá, a través de la pantalla, lo acompañaba a cocinar. Así aprendió a mantener vivo el "sazón de la casa", la sazón de mamá.
“Debido a la ausencia de mi mamá, hoy en día la puedo recordar todos los días cada vez que entro a la cocina”, confiesa. Hoy, cocinar es su gran pasión. Su casa en Colombia se ha convertido en un punto de encuentro donde comparte la gastronomía venezolana con las personas maravillosas que ha conocido en este "rinconcito colombiano". Compartir sus tradiciones es su forma de recortar la distancia con los suyos y mantener viva su cultura.
Un hogar llamado Comfenalco Antioquia
El camino del migrante es retador, pero encuentra luz cuando halla un propósito. Para Nelson, Colombia se convirtió en el escenario de las oportunidades y Comfenalco Antioquia en el lugar donde sus capacidades como ingeniero y líder encontraron un respaldo real.
"Llego ya a trabajar de manera legal a una maravillosa empresa con la que me he podido identificar por su propósito. Creo que un migrante se siente muy bien acompañado y respaldado en esta organización", afirma con gratitud. Desde la gerencia del Parque de los Encuentros, Nelson lidera hoy con el ejemplo, demostrando que la diversidad cultural enriquece los equipos y nos hace una organización más humana.
Al mirar atrás, Nelson sabe que su relato no es único; es el espejo de millones de personas en el mundo. Por eso, su mensaje final es un bálsamo de esperanza para cualquiera que esté enfrentando un cambio drástico en su vida:
"Esta historia puede ser la historia de muchas personas, porque no estamos exentos de que en algún momento la vida nos lleve a tomar la decisión de migrar. Sin embargo, la vida continúa y depende de nosotros, de nuestra actitud y de nuestra energía. Hay una frase que siempre me acompaña: insistir, persistir, resistir y nunca desistir. Cada amanecer es una nueva oportunidad que tenemos que aprovechar para poder salir adelante".