Por eso somos cercanos, para conectar con nuestros afiliados, empresas, colaboradores y sus familias. Desnudamos el alma y contamos historias de carne y hueso para mostrar lo que somos y para donde vamos.
Hay historias que comienzan en el hogar, en las calles o el trabajo. Y hay miles que trascienden a las familias, a los espacios laborales y a las bibliotecas convirtiéndose en un ejemplo de superación y vida.
Esta es una de esas.
Martha Mejía es reflexóloga y una lectora empedernida. Hace 20 años, su historia de vida cambió cuando fue diagnosticada con cáncer de mama. Sintió que el mundo se acababa y que se acercaba la muerte, que es lo primero que piensa un paciente oncológico, hasta que aprendió, que cáncer no es sinónimo de un final, sino de un inicio con esperanza y amor.
Durante dos décadas ha sorteado de la mano de su hija Andrea, de su familia y de las “oncoamigas” como llama a las personas que ha encontrado en el camino clínico y terapéutico, las dificultades personales y laborales, enfrentando con valentía y ganas de vivir, cinco diagnósticos positivos de cáncer.
Encontró en los libros, un refugio para mitigar los estragos clínicos del cáncer. En su hogar, con su hija, los gatos y perros, recibe el mayor aliciente, para sobrevivir.
En su juventud fue diagnostica con un lipoma cerebral, luego aparecieron dos diagnósticos positivos de cáncer de mama, uno de útero y uno más en los ovarios, y ninguno ha podido derrotarla. Y aunque todo cambió, porque sus uñas se debilitaron, su cabello caía, su masa corporal no era la misma, confiesa, que devorar libros y escribir, fueron las terapias que mitigaron los dolores de las quimioterapias.
En medio del dolor y la esperanza, Martha, se hizo más fuerte. Las intensas jornadas en clínicas y hospitales no la quebraron y hoy, después de aprender a vivir con cáncer, se dedicó a jornadas de reflexología con otras pacientes oncológicas, que siguen asociando su enfermedad con la muerte, y entre risas, ejercicios físicos y mentales, les muestra el camino y enseña, que la vida debe continuar, les lee, las invita a visitar las bibliotecas de Comfenalco, como rincones de salvación y vida.
—Hay noches donde quisiera tirar la toalla—dice Martha—. Y al recordar que ha superado cinco cánceres, se convence, que el diagnóstico no es sinónimo de muerte sino de vida.
La historia de Martha recuerda que cada día es una oportunidad para vivir, que tener cáncer no es un pretexto para renunciar a los sueños y que ambientes como las bibliotecas y los libros, son un oasis que cambian vidas y ofrecen esperanzas de sanación.
En Comfenalco Antioquia estamos comprometidos con las personas, con mantener y fortalecer el ecosistema cultural y seguir cercanos a los colaboradores, afiliados y beneficiarios, todos con una historia por contar.
Martha es la prueba que aun en los momentos más difíciles, siempre es posible florecer desde el amor y la esperanza.